CDMX-Vallarta-Manzanillo-Guadalajara

Esta rodada fue planeada con la intensión de recorrer la zona jalisco-nayarit-colima y se llevó a cabo como lo relatamos a continuación:

Dimos marcha a las 5 de la mañana del día viernes 18 de noviembre de 2016 y con una meta en la mente, rodar, hasta donde la moto se desbaratara (como ya nos ha pasado) o hasta que lleguemos a un punto en donde el cuerpo, el clima. el ánimo o la prudencia nos dejen o digan ¡Paren!.

Salimos rumbo a Toluca, con su habitual frio matutino y su interminable fila de trailers totalmente iluminados con esos leds cegadores que están de moda, color ámbar por todos los ángulos posibles, uno que otro incauto conductor de automóvil y dos Sportsters dispuestas a sonar por largo tiempo.

Toluca fue el inicio de un tortuoso y frio clima, el cual se agudizo en la desviación hacia Atlacomulco, la cual nos recibió con una densa neblina un frio rondando los 5 grados centígrados y agua, llovizna que no nos dejó hasta salir del Estado de México, donde para no alargarme seguimos por las tierras calientes del estado de Michoacán, las poblaciones iban pasando conforme avanzábamos, Maravatio, Zinapecuaro, la desviación a Morelia y en Huaniqueo de Morales, se tiene que salir a recargar los cacahuates o se corre el riesgo de no llegar al estado de Jalisco y en concreto a  Guadalajara.

Una vez tanque lleno y viendo el bloqueo de maestros que nos ahorraron dos casetas, y un camión de pasajeros totalmente quemado, seguimos nuestro camino. Panindicuaro, Churitzio, La Barca, desviación a Ocotlán y la caótica ciudad de Guadalajara que forzosamente debes cruzar con un tráfico de medio día digno de una gran urbe.

Tiempo para el «Lunch» tacos de asada, burritos de pastor y chorizo en una gasolinera local y el camino sigue, tanque lleno de nuevo y a acumular poblaciones Santa Cruz de Astillero, el Arenal, Tequila, La Magdalena y por fin, Plan de Barrancas, algo de emoción a unas rectas monótonas, el paisaje es impresionante y las curvas van dejando paso a las barrancas llenas de vegetación y árboles que cubren el paisaje. Y en medio de ese recorrido «Plan entre Barrancas» una localidad pintoresca; pero no hay tiempo de parar, aún hay camino por seguir, el entramado carretero continuo pero no sin tener un fin, una recta que te saca a un paisaje irreal, una planicie de piedras volcánicas resultado de las erupciones del «Ceboruco», un paisaje de kms de piedras en donde en medio de todo pasa la carretera, simplemente imposible de ignorar.

Pero el viaje debe de continuar, seguimos rumbo a Tepic, pero mucho antes la desviación hacia Compostela que es una carretera que te hará llegar a las playas de Guayabitos, Sayulita, Punta de Mita y Bucerias.

Paramos en Sayulita que inicialmente era nuestro punto de llegada, el punto donde terminaba nuestro día 1, pero, viernes de puente, viernes por sí solo, y en lugares donde los extranjeros llegan huyendo del frio del invierno, hicieron imposible nuestra estancia. Valorando la higiene y el confort de una cama para descansar, la seguridad de las motos y donde las podríamos dejar, nos hicieron recorrer la ruta antes mencionada, haciendo la parada definitiva en Puerto Vallarta, no sin antes recorrer 60 km adicionales que no estaban presupuestados.

Encontrar alojamiento fue relativamente más sencillo, ya que Puerto Vallarta es una ciudad como tal y no un Pueblo Mágico como Sayulita, cierto hotel comercial y de negocios nos dio la bienvenida. La recepción colmada de niños de entre 6 a 12 años de varios equipos de fut bol que venían a un torneo y un griterío ensordecedor nos dieron la bienvenida a nuestro lugar de descanso.

Una vez registrados y con habitaciones asignadas nos dimos 30 minutos para cambiarnos y salir a cenar algo.

Día 2 y con relativamente menos camino por delante, tomamos rumbo a Barra de Navidad donde se me presumió la frescura de la comida y el buen sazón de la misma.

Cabe mencionar que la salida de Puerto Vallarta con rumbo a dicha barra, es un camino que vale totalmente la pena recorrer, las curvas son moderadas y totalmente disfrutables y la vegetación hace que parezca en ciertos tramos que entras a un túnel totalmente verde.

A las orillas de la selva del Tuito la carretera serpentea y parece interminable, el calor y los moscos se hacen presentes e inundan el visor del casco. El Tule, Tomatlan, Perula, Chamela, Careyes y La Manzanilla son poblados a la orilla de la carretera que íbamos dejando atrás uno por uno, visitando más sus gasolineras que las plazas de las localidades y después de un buen tramo y con hambre llegamos a Barra de Navidad, donde el sazón quedo a deber pero la frescura de los platillos no tenía duda.

Comimos, más no bebimos por que el camino era largo aun, Cihuatlan era lo más cercano y lo pasamos rápidamente, haciendo sonar los Vtwin y su sonido característico al abrir escapes, vaya lo que hace Harley a las Harleys. Cihuatlan y después Manzanillo, un puerto que a la distancia apreciamos con su formación de barcos cargueros, con proa apuntando al Pacifico.

En rededor de todo el puerto y la zona de descarga, viendo decenas de contenedores esperando ser transportados por una marabunta de trailers.

El puente Tepalcates y su forma de catapulta que te hace pensar que saldrás expulsado hacia el mar, nos despidió de Manzanillo. El Colomo, Coyutla y Tecoman para después enfilarnos  rumbo a Colima, donde por fortuna y a media luz logramos apreciar el Volcán de Fuego en todo su esplendor y con expulsiones de ceniza que se levantaban sobre su cráter. La noche poco a poco nos cubría y con ello los peligros que eso implica, formación más cerrada por si dos motos juntas pueden hacer diferencia y combatir contra un trailer doble semirremolque a toda velocidad.

El cansancio empieza a cobrar factura después de dos días de andar en moto, una vez pasada Sayula y con dirección a Guadalajara nos encontramos con los salares o las planicies de un ex lago, las cuales crean ráfagas de viento, que te hacen inclinas la moto cual curva y cambiar de carril sin intención de tal.

Más atención, mas destreza y cuidado en la obscuridad, paramos en la última caseta que nos separaba de Guadalajara.

El hospedaje fue lo más fácil de encontrar pero no sortear el tráfico de una ciudad en plena construcción y después de una plática y un brindis, nos dispusimos a descansar.

El día 3 y ya  no tan temprano y sabiendo que el camino era más «fácil» (ya que era autopista) decidimos pararnos algo más tarde y salir de la tierra Tapatía antes de medio día.

El desayuno algo ligero y emprendimos camino, con el único comentario de que a la Sportster con tanque «Peanut» le puedes sacar 220 km (eso sí, arriesgándote a quedarte sin gasolina), recuerdan esa parte de salirse por que la gas no alcanza, bueno, hay veces que te confías y esa confianza de repente te puede jugar en contra, afortunadamente 220 km después de cargar y sin tener que echar el bolado para ver quien caminaba a la gas de ida y de regreso, seguimos el camino a nuestras casas, donde llegamos enteros y con 1963 km más de puras experiencias.

Dos motos, tres días, una ruta, un chingo de ganas de rodar y no parar en kms y kms, no hay visitas, no hay planes turísticos, no hay egos, ni presunción, apenas comemos, medio dormimos, medio disfrutamos los sitios a dónde vamos.

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